Elena Montes nos convoca a un viaje bosque adentro, donde la pulsión del trazo poético arrastra el vestido por un camino poblado de hojas, recovecos y claros. La maternidad, la poesía, la vida y la muerte se configuran como campos nutrientes y, al mismo tiempo, descomponedores, como si se deshilara desde Deméter y Perséfone (hay dos en mí) hasta el superyó materno de Melanie Klein, un testigo de la relación hambre-hijo. Un mundo donde la espina puede reconfigurarse en miel, en hijo. El tiempo es implantado en algún punto entre el refugio, el trazo y el silencio. Montes debuta en la escena poética chilena con una poesía rigurosa, urdida con imágenes de alto vuelo.
MALÚ URRIOLA

Escenarios del nuevo milenio
La poética filosófica de Juan Luis Martínez
Cien poetas, un poema
Las letanías de Kay Pacha
MIGRANTE.FRAGMENTOS DE UNA EXPERIENCIA
Fértil provincia y Señalada 

